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En proceso de deportación, ella encontró santuario en una iglesia de Greensboro

Juana Luz Tobar Ortega, de 49 años, lleva dos semanas viviendo en un cuarto de bloques de cemento que antes era la guardería de la Iglesia Episcopal San Bernabé.

Ella tiene una cama, una mesa de noche y un televisor pequeño. Sus familiares la visitan durante la semana, pero eventualmente se van. Ella está agradecida por el cuarto y por los voluntarios que se turnan para visitarla, pero sólo quiere regresar a su casa en Asheboro.

“Ellos sin conocerme abrieron las puertas de su iglesia para ayudarme”, dijo Ortega. “La decisión fue difícil, pero decidí quedarme [aquí] por mi familia”.

Ortega es la primera persona con orden de deportación que encuentra santuario en una iglesia en Carolina del Norte, aunque un creciente número de iglesias santuario en todo el país están ofreciendo a personas como ella un lugar para comer, dormir y bañarse, lejos del alcance del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).

Desde el 2011, ICE tiene una política según la cual debe evitar entrar en lugares sensibles como iglesias, hospitales y escuelas para arrestar, interrogar, buscar o vigilar a alguien.

Las personas que piden santuario lo hacen como una última opción para evitar su deportación y ganar tiempo para obtener al menos una suspensión temporal de su remoción del país.

Ortega dice que se fue de Guatemala hace casi 25 años huyendo de la guerrilla que la estaba amenazando. Cuando buscaba asilo en los Estados Unidos, en 1999, ella salió del país sin autorización del gobierno para cuidar de una hija que tenía una enfermedad grave.

Ella regresó a los Estados Unidos con una visa falsa dos meses después. En el 2011, ICE la detuvo en su trabajo en Sanger Enterprises, una fábrica de textiles para muebles. Desde entonces, cada año, ICE ha estado aplazado su orden de deportación.

Durante una visita de rutina con ICE en abril, Ortega recibió una orden para salir de los Estados Unidos el 31 de mayo y le colocaron un grillete electrónico en un tobillo. Irse del país significaría para ella dejar a su esposo, sus cuatro hijos y sus dos nietas.

“No es fácil que de un momento a otro te digan que te vayas del país, y uno teniendo hijos”, dijo Ortega. “He vivido aquí tantos años. Y he contribuido al país. Todo el tiempo he trabajado. Nunca, nunca he dejado de trabajar”.

Pero ésta no es la primera vez que el gobierno le pide a Ortega que abandone el país. En 1998, un juez de inmigración le dio la oportunidad de irse por voluntad propia de los Estados Unidos, dijo Bryan Cox, portavoz de ICE.

“La Junta de Apelaciones de Inmigración le negó su apelación en el 2001 y le dio la oportunidad de irse voluntariamente de los Estados Unidos hasta julio del 2001”, dijo Cox. “Sin embargo, la señora Tobar se negó a irse del país y ahora tiene una orden final de deportación”.

“La señora Tobar ha recibido todo el debido proceso bajo las cortes federales de inmigración y ahora tiene un orden final de deportación de acuerdo con ley federal y un mandato judicial”, dijo Cox.

Estar en una iglesia no va a cambiar su estatus migratorio, dijo Cox, y añadió que la política de ICE en lugares sensibles todavía está en efecto. Esto quiere decir que los agentes de inmigración no van a entrar a San Bernabé.

El Reverendo Randall Keeney, vicario de la iglesia San Bernabé, y su congregación le están dando a Ortega santuario hasta que ella pueda conseguir la suspensión de su deportación.

Ortega no asistía a la iglesia San Bernabé ni conocía a los miembros de la congregación. La organización American Friends Service Committee de Greensboro, una organización de fe que aboga por la justicia social, le preguntó a Keeney si la guatemalteca podía quedarse en la iglesia.

“Nadie se opuso, y cuando yo pregunté si debíamos hospedarla, todos a viva voz dijeron que ‘sí’”, dijo Keeney.

‘Nosotros estamos apoyando a esta familia’

Dos años antes de que Ortega llegara a la iglesia, American Friends Service Committee le pidió a Keeney que ofreciera santuario a un hombre de El Salvador. Aunque el caso no se dio, el reverendo siguió conversando con la organización para hospedar a alguien en el futuro.

Proveer santuario es una de las acciones más valientes que una iglesia puede hacer para abogar para reforma migratoria, dijo David Fraccaro, el director ejecutivo de la organización FaithAction International House en Greensboro.

“Santuario no es solo proveer seguridad y cuidado a una familia, es también decir ‘nosotros estamos apoyando a esta familia como una congregación y como una comunidad’”, dijo Fraccaro. “Esa puede ser una estrategia importante para conseguir alivio. Le pone un rostro a la historia”.

Casos como este son raramente conocidos por el público. Muchos otros viven en las sombras con la esperanza de no ser encontrados por ICE.

“El miedo en la comunidad inmigrante es muy grande”, dijo Keeney. “Padres que pueden ser indocumentados tienen miedo de ir a trabajar, tiene miedo de salir de sus casas. La única cosa que va a reparar esto es una reforma migratoria que sea seria, comprensiva, compasiva y misericordiosa. Los inmigrantes han sido el chivo expiatorio por mucho tiempo. Algo tiene que cambiar”.

La Escuela de Conversión en Durham, una organización de múltiples religiones que enseña como vivir en comunidad, también se ha comprometido a dar santuario cuando sea necesario.

El jueves, el Reverendo William Barber, presidente del capítulo estatal de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) y pastor de la Iglesia Cristiana Greenleaf en Goldsboro, anuncio en una conferencia de prensa en Raleigh que podía ofrecer su iglesia como santuario a José Chicas, quien tiene una orden de deportación a El Salvador el 28 de junio.

Durante el último año, la reverenda Julie Peeples y su Iglesia Congresional de Cristo, en Greensboro, han estado acondicionando un cuarto y una ducha para hospedar a alguien en santuario cuando sea necesario.

“Esto está alineado con el evangelio, con cómo el santuario ha sido ofrecido por gente de diferentes creencias por siglos”, dijo Peeples. “Es los que nos sentimos llamados a hacer ahora. Es la mejor manera de amar a nuestro vecino”.

Hay un número creciente de iglesias en Carolina del Norte que están aprendiendo sobre lo que es ofrecer santuario, y docenas más están apoyando ese movimiento, proveyendo comida, refugio y salud, dijo Fraccaro.

Desde 2014, ha habido 25 casos públicos de personas refugiadas en santuarios. Dieciséis casos han recibido aplazamientos de deportación y ocho siguen en el limbo. En un caso, la persona fue deportada inesperadamente.

La orden ejecutiva

El surgimiento del movimiento santuario en Carolina del Norte coincide con el aumento de las deportaciones al nivel nacional. Hubo un crecimiento del 40 por ciento en los arrestos de ICE durante los primeros 100 días del presidente Donald Trump, comparado con el mismo periodo en el 2016.

En enero, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que prioriza la deportación de todos los que entran en el país ilegalmente, no sólo aquellos con convicciones criminales. El Secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Kelly, firmó un memorándum en febrero para implementar dicha orden.

“Como ha dicho el Secretario Kelly, ICE ya no va a eximir clases o categorías de extranjeros que deben ser deportados” dijo Cox en un comunicado. “Todos los que están en violación de las leyes de inmigración pueden estar sujetos a un arresto, detención y, si se encuentran con una orden final de deportación, a ser expulsados de los Estados Unidos”.

La familia de Ortega y la gente que la apoya le han pedido al Senador Thom Tillis, quien representa al estado en el Congreso, que la pida a ICE que aplace su deportación, y que la siga ayudando para encontrar la forma de quedarse en el país de manera permanente.

Ortega no ha salido de la iglesia desde que empezó a vivir allí. Tiene miedo, pero según dijo, buscar santuario fue su último intento de quedarse cerca a su familia.

Jackeline Tobar, 22, su hija menor, dijo que la casa se siente vacía sin su mamá.

“No se siente vida en la casa”, dijo Tobar. “Cuando ella llega a la casa, ella es quien nos dice qué hacer. Ella es la que reúne a nuestra familia.”

Camila Molina: 919-829-4638

This story was originally published June 13, 2017 at 3:15 PM with the headline "En proceso de deportación, ella encontró santuario en una iglesia de Greensboro."

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